La mujer y los riesgos psicosociales en el trabajo

He leído varias opiniones en el sentido de que el feminismo es la única utopía realizable del siglo XX con repercusiones en el XXI. La situación de las mujeres en el mundo occidental, sin duda ha variado de eje en los últimos cien años. Con excepción de los países árabes, con fuerte raigambre musulmana, o de dominación masculina, las mujeres ocupan un lugar distinto en las sociedades, diferente, aunque no por eso necesariamente mucho mejor, del que ocupaban hace un siglo. En la mayoría de los países “democráticos”, la mujer no solo tiene derecho al voto, sino que tiene la oportunidad de gobernar. En Latinoamérica, hemos tenido ejemplos conspicuos de mujeres en el poder, en Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, aunque en México todavía vamos a la zaga. Este aparente triunfo y empoderamiento de la mujer, no ha significado sin embargo que las mujeres hayan alcanzado todos los objetivos de igualdad en términos jurídicos, laborales, sociales y culturales, (que no biológicos) que plantea el feminismo. Una de las mayores trabas para la realización de esta “utopía”, proviene del sexo masculino: tanto por inercia, por el machismo prevaleciente, por la “falocracia”, así como por una innegable resistencia a perder los espacios de dominación que tan cómodamente hemos ocupado, ya por la fuerza, ya por la violencia o la costumbre. En México, la constitución política establece que mujeres y hombres somos iguales ante la ley y desde hace años se ha legislado para lograr una paridad de género en los cargos públicos: pero actualmente, de 20 posiciones disponibles, sólo tres mujeres ocupan una secretaría de Estado, y una de ellas, hay que decirlo, llegó ahí más por la fatalidad que por una visión igualitaria. Las presidencias municipales, sólo el 5 por ciento son ocupadas por mujeres. Año con año se les promete a las mujeres, que ahora sí, el número de candidat@s a puestos de representación popular, será equitativo… y año con, esta promesa –que además está en la legislación– se incumple, como muchas otras de las disposiciones y normas que nuestros gobernantes protestan cumplir cada vez que asumen un cargo público y que cotidianamente mandan a volar.

En México la mayor vulnerabilidad la padecen las mujeres que provienen de los pueblos originarios, las más pobres y con menor representación social. Y si subimos en la pirámide social, las cosas no son mejores, sobre todo en el ámbito laboral. Por eso, este año, el tema propuesto por la ONU para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, ha sido el de la igualdad laboral de las mujeres. Y aquí la situación es patética, no sólo para las mujeres, aunque principalmente. Con un mercado laboral saturado por la informalidad y bajos salarios, las mujeres y los viejos se llevan la peor parte. Las condiciones laborales en muchas empresas, no son adecuadas para la mujer. No se respetan los tiempos de maternidad y lactancia. En algunas se practican exámenes ilegales para garantizar que las mujeres a contratar no estén embarazadas. Con frecuencia sufren acoso sexual y violencia de género. Las cargas de trabajo no toman en cuenta su situación de vulnerabilidad, cuando son madres solteras o practican una triple jornada, al ocuparse de labores domésticas, el cuidado de los hijos y 40 horas semanales de trabajo señaladas por la ley. En muchas empresas, existe una interferencia entre las labores propias para las que fueron contratadas y sus relaciones familiares. En otras, el liderazgo negativo, generalmente de un jefe o patrón masculino y abusivo, les provoca estrés y otros riesgos psicosociales que erosionan su calidad de vida. Sin señalar por supuesto el hecho de que es común que reciban un salario menor al del hombre, aun cuando realicen labores equivalentes, lo que se traduce en un consecuente estrés económico. Aunque la Ley Federal del Trabajo, y en específico el Reglamento Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo , publicado en el Diario Oficial de la Federación desde el 13 de noviembre de 2014, señala en sus artículos 43 y 55 que en los centros de trabajo se deberán atender los factores de riesgo psicosocial, no es sino hasta octubre del 2016 en que se publica un proyecto de Norma Oficial Mexicana, que establece los parámetros para prevenir estos riesgos. La NOM-035-STPS-2016, que se espera será publicada en mayo del presente año, establece que en todos los centros de trabajo se deberá aplicar una política de prevención de riesgos psicosociales, la promoción de un entorno organizacional favorable, así como la prevención de la violencia laboral y de género, haciendo énfasis en esta última. Los factores de riesgo psicosocial, afectan a todo mudo, aunque la mayoría atañen especialmente a las mujeres. Entre estos factores de riesgo se pueden destacar: las condiciones de trabajo peligrosas e inseguras, deficientes e insalubres. Las cargas de trabajo. La falta de control sobre el trabajo. Las jornadas de trabajo y rotación de turnos que exceden lo establecido en la ley. La interferencia en la relación trabajo-familia. El liderazgo negativo en el trabajo.  La violencia laboral y de género. Lo interesante de esta nueva reglamentación es que justamente adopta una perspectiva de género y pone énfasis en situaciones que antes se consideraban “normales”, o que el machismo y la falta de atención a las condiciones laborales, han normalizado. Aunque lo que debería normalizarse es la aplicación de la ley que nos permita con optimismo afirmar que el feminismo si fue la utopía realizada en la sociedad contemporánea.


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