Guillermo Samperio: funcionario cultural (maldito)

guillermo_lEn la presentación de su primera novela, “Anteojos para la abstracción”, en diciembre de 1994, Guillermo escribió en su libro la siguiente dedicatoria; “para Jorge Pérez Grovas, escritor de primera línea y amigo de momentos difíciles y gratos”. De aquellos momentos difíciles a los que se refiere hay uno en particular que modificó sustancialmente nuestras carreras en el ámbito cultural. Refiero este episodio de nuestra vida porque ahora casi todos los protagonistas están muertos. Guillermo era Director de Literatura del INBA, encabezado entonces por Rafael Tovar y de Teresa, yo era subdirector. Víctor Sandoval, el anterior director general del INBA, nos había encargado a Guillermo y a mí la publicación de unos anuarios de poesía, cuyo espíritu principal era recopilar a nivel nacional los poemas más destacados publicados en revistas literarias y suplementos culturales de todo el país, o sea de chile mole y de manteca, presentándolos en coedición, con la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM. Uno de estos anuarios se publicó en el año de 1991, con una recopilación de poemas publicados durante 1990, año en que Octavio Paz fue galardonado con el Premio Nobel. Los años 1991-1992 fueron muy agitados en el ambiente cultural mexicano. Víctor Flores Olea presidía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que junto con la revista Nexos y la UNAM, organizaron el “Coloquio de Invierno”. En diciembre de 1991, Guillermo y un servidor fuimos invitados a un brindis en la casa del agregado cultural de la embajada de los Estados Unidos. Guillermo no pudo asistir. Yo me presenté muy ufano, con dos ejemplares del “Anuario de Poesía 1990” que regalé al anfitrión. Él, los repartió entre los asistentes y los libros rápido circularon hasta llegar a las manos de Octavio Paz, que era uno de los invitados, aunque yo no lo sabía. El caso es que Paz recibió el anuario y no le gustó el contenido, pues el poema suyo no había tenido su autorización para ser incluido, aunque esto, nosotros tampoco lo sabíamos, porque en su oportunidad Guillermo le envió una carta al poeta solicitando su aprobación: esta carta, por razones que comentaré después, nunca fue entregada. El poema “Salamandra”, editado originalmente en 1962, había sido incluido en número 475 de la Revista de la Universidad de México, de agosto de 1990. Octavio Paz, molesto y con razón, aquella misma tarde le habló a Guillermo para reclamarle el suceso. Le dijo entre otras cosas qué si lo que querían las autoridades culturales era que abandonara el país, estaban por conseguirlo. Había un trasfondo político en aquel reclamo que no supimos anticipar. Al día siguiente Willy me mandó llamar igual de enojado y francamente preocupado para comentarme el suceso. No entendíamos del todo la situación, porque de acuerdo a nuestros procedimientos, si habíamos pedido la autorización, con un método parecido al que Octavio Paz había empleado en la publicación de “Laurel: antología de la poesía moderna en lengua española”, solicitando la aprobación con la mención de que, si no se recibía, se entendía que ésta era tácita. Había una molestia legítima con un fondo oscuro que en ese momento ni Guillermo y yo logramos aquilatar. Años después, un joven, de cuyo nombre no quiero acordarme, a quien Samperio había invitado a colaborar en su equipo, confesó haber sido el culpable de que Octavio Paz nunca hubiese recibido la carta donde se solicitaba la publicación de su poema. Lo hizo, por venganza, pues al haber un puesto superior vacante para el que era candidato y que no se le concedió, decidió vengarse de Guillermo y de un servidor destruyendo aquellas cartas, que, en algún sentido, destruyeron también la carrera de Willy como funcionario cultural, porque con aquel agravio involuntario, nos habíamos metido entre las patas de los caballos y conjurado una maldición. Pasaron los meses, y en febrero de 1991, se celebró el “Coloquio de Invierno”, organizado por el Conaculta, la UNAM y la revista Nexos. Carlos Fuentes dio la ponencia inaugural. Ese mismo mes, Paz renunció al FONCA; lo acusó de burocratismo y parcialidad en la organización del coloquio, agregando que, a diferencia del “Encuentro Vuelta, La experiencia de la Libertad”, celebrado dos años antes, y donde Mario Vargas Llosa definió a México como la “dictadura perfecta”, éste se había montado con dinero de los contribuyentes y sin incluir un tema que, desde su óptica, resultaba fundamental en el debate contemporáneo de las ideas: “El fin del socialismo autoritario y la bancarrota política, económica y moral del marxismo-leninismo”. Al poco tiempo, Víctor Flores Olea –con quien Guillermo mantenía una buena relación- se vio obligado a renunciar al Conaculta y Rafael Tovar y de Teresa fue nombrado como su nuevo presidente. Duraría ocho años consecutivos en aquel su primer encargo. Al poco tiempo, se solicitó la renuncia de Guillermo y de un servidor a la dirección de literatura del INBA. Aquella maldición traería como consecuencia que Willy nunca más tendría un cargo como funcionario cultural.


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