Calacas de vivos y muertos

En México nos referimos a ella con nombres chuscos y divertidos: la Pelona, la Huesuda, la Flaca, la Tilitiflaca, la Dientona, la Guadaña, la Sonriente, la Descarnada, la Descansadora, la Descerebrada, la Catrina, la Calaca, la Tiznada, la Tanata, la Finada, la Irremediable, la Difunta, la Amortajada, la Panteonera, la Parca… la Muerte: la que ni pregunta ni responde. La de los dientes pelados. La de los ojos hundidos. La de los dedos fríos. La de los huesos sin carne. Nos burlamos de ella, nos reímos con ella y no obstante la respetamos. Aunque ella no nos respete tanto, y tarde o temprano nos lleve al baile y nos jale las patas. A morir venimos. Somos carne de panteón. Es la expresión más equitativa de la democracia, el triunfo de la estadística igualitaria del 100 por ciento y el largo plazo, donde todos estaremos muertos. Todos nos vamos con las patas por delante: todos colgaremos los tenis, los huaraches o los bostonianos. Todos chuparemos faros. A todos y cada uno nos cargará la Tiznada. Todos venimos del polvo y al polvo iremos. En el mundo habrá pocos refinados, pero todos finados. Por supuesto que al único que ni le va ni le viene la muerte es al muerto. El muerto es indiferente ante su propia muerte, como nunca la fue ante la muerte de los demás. Al muerto, la muerte le da lo mismo, pues es esta última su infinita condición. En los velorios, él único que ni se entera del chismorreo, del cotilleo, de la diatriba o de la alabanza, es el difunto. O será que el muerto nos sigue escuchando, ¿pero por cuánto tiempo? El muerto se va, no sabemos exactamente a dónde, y los vivos nos quedamos a celebrarlo o a denostarlo. El muerto al pozo y el vivo al gozo. La muerte es simultáneamente una promesa, un destino y una calamidad. La muerte nos persigue, nos acosa, nos angustia, nos seduce, nos encanta. Algunos le rinden culto y la llaman la Santa Muerte. Otros la consideran el inicio de una vida eterna. También se le denomina el sueño eterno: y el soñar y el morir, se parecen, porque en el sueño y en la muerte dejamos de ser nosotros para ser otros: oníricos, sonámbulos, fantasmas. Al orgasmo, los franceses le llaman “la petite mort”, la “muerte chiquita”, por lo que anticipamos que nuestro tránsito al otro mundo deberá ser también la sublimación del erotismo: el gran orgasmo final. Los estertores de la muerte y los estertores del orgasmo se asemejan como un grito de exaltación a la vida, aunque sea un grito final. Eros y Thánatos son almas gemelas. Amar y morir son ramas del mismo árbol de la vida. Pero la muerte dura más que la vida: y cuando morimos, el universo, nuestro universo, se acaba, se destruye, aunque se vuelva eterno. Cuando dejemos de existir, también dejará de existir el mundo, nuestro mundo. Porque la vida, la existencia, es percepción y la muerte ausencia. Por eso los altares a los muertos nos traen a nuestros seres queridos de regreso del otro mundo. Aunque el muerto siga allá (en el más allá) por un par de días estará en el más aquí con nosotros. El recuerdo los regresa. La memoria los materializa. Qué son las obras de los inmortales, sino la oportunidad de dialogar con los muertos. Cuando leemos El Quijote, Cervantes regresa del otro mundo para platicar con nosotros. Y así se materializan también Shakespeare con sus dramas y Jorge Manrique con las coplas por la muerte de su padre, Xavier Villaurrutia con su “Nostalgia de la muerte” y José Gorostiza  con “Muerte sin fin”: “la muerte niña, sonriente, que desflora un más allá de pájaros en desbandada”. Así dialogamos también con nuestros muertos: con nuestros padres, amigos, parientes, hermanos… todos aquellos que se nos adelantaron y cuya presencia se materializa en su recuerdo. En el altar de muertos y en el panteón, se ubican las ofrendas de la vida: las flores, el pan, el alcohol, los cigarros, las viandas que los muertos disfrutaron o adoraron. Y ahí radica una de las diferencias esenciales en la celebración del Día de Muertos y de los Muertos Chiquitos, con la fiesta de Halloween. Emparentadas por la cercanía en las fechas y por su posible origen medieval ligado al día de Todos los Santos, la diferencia contemporánea que más resalta es que el Halloween, más orientado a la mercadotecnia del disfraz y el chocolate, conmemora a los espectros y a las brujas; a los demonios y a los monstruos; a las calabazas malditas y a los zombis. En cambio, el Día de Muertos -aún con sus desviaciones consumistas como el pan de muerto en los súpers desde agosto- es una celebración de vivos: más aún, una celebración de vivos que algún día estaremos muertos y de muertos que algún día estuvieron vivos, y que de una manera u otra, reviven con nuestro recuerdo. Por eso, el único disfraz posible en Día de Muertos, es la máscara de la muerte, que a diferencia de las máscaras comunes que ocultan la verdadera esencia, es una máscara que desnuda, que nos muestra lo que somos en realidad: muertos en vida, vivos entre muchos muertos.


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La cuestión catalana: ¿monarquía o república, súbditos o ciudadanos libres?

Dicen que la democracia es el peor sistema de gobierno, excepto por todos los demás. Los griegos, que inventaron el concepto, tenían una visión peculiar de la democracia: aunque etimológicamente significaría el poder del pueblo –pues demos=pueblo, kratos=poder– en la práctica se trataba de una democracia de elites bastante parecida a la contemporánea, pues en la toma de decisiones estaban excluidas las mujeres, los esclavos y los varones que no fueran capaces de empuñar las armas. De cualquier manera, como aspiración, la idea de tener una democracia auténtica, un auténtico poder del pueblo constituido por ciudadanos libres, forma parte de las aspiraciones humanas más elevadas, tan elevado como el utópico concepto de anarquía, donde cada quién se gobierna a sí mismo. De la democracia española se habló muy favorablemente después de que logró una transición tersa de la dictadura franquista a la monarquía constitucional: excepto claro por los afanes independentistas del pueblo vasco, que tuvo la nefasta consecuencia del terrorismo de ETA, y los reiterados intentos de Catalunya por independizarse para convertirse en república.

¿Pero realmente existe la “democracia moderna”, cómo reflejo de la voluntad popular, expresada por ciudadanos libres, y fundamentada en la dignidad humana? ¿No es eso lo que se cuestiona en el ámbito global? Algunos de los países que se ostentan como las democracias más avanzadas, como los Estados Unidos, permiten que su presidencia la ocupe un individuo supremacista blanco que en la práctica obtuvo 3 millones de votos menos que su oponente: le llaman plutocracia, el poder de los más ricos, ahora devenida en kakistocracia, el poder de los peores, según el diccionario de sociología  “estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen una gama de lo peor, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”, cualquier semejanza con Donald Trump no es mera coincidencia. Otras, como la democracia “más antigua”, la inglesa, funcionan primero como una monarquía, con un parlamento que relativamente representa los valores populares, aunque más bien habría que calificar de cupulares y aristocráticos. De la democracia mexicana, ni hablar, se encuentra atrapada entre los resabios del viejo régimen autoritario y corrupto, y las estructuras de la partidocracia, igual de corrupta pero menos eficaz y consistentemente alejada de las necesidades sociales, incapaz siquiera de hacer cumplir la constitución que en teoría debería guardar: kakistocracia, de cepa pura.

Aunque suena desatinada la fragmentación de España, que podría también tener eco en la fragmentación de la Unión Europea, hay una cuestión simbólica que podría estar gravitando en torno a esa extraña coalición de partidos de los espectros ideológicos extremos que buscan la independencia y la proclamación de la república catalana. No es igual ser súbdito del monarca, que ciudadano de pleno derecho. Porque simbólicamente no es lo mismo rendirle tributo al rey –ser súbdito– que ser ciudadano. ¿Es posible la dignidad humana individual, cuando se le debe rendir pleitesía a un rey, aun cuando su reinado esté normado constitucionalmente? ¿Lo que es legal es legítimo? Cataluña ha intentado convertirse en república en al menos cuatro ocasiones, España dos. Desde mi perspectiva, la dignidad individual plena sólo puede darse cuando el individuo es libre y soberano. Es cierto que las repúblicas, tampoco garantizan la libertad ciudadana, la democracia, el buen gobierno y el bien común: y hay montones de ejemplos de su degradación. ¿Pero no es acaso hacia dónde debemos dirigirnos, como comunidades y como individuos si queremos evolucionar y ser mejores? Dejar de ser siervos para ser humanos. Abandonar la servidumbre por la libertad social, que por cierto, nada tiene que ver con el neoliberalismo económico. ¿No sería conveniente que España misma, y tantas otras monarquías constitucionales pero hereditarias aún vigentes, o gobiernos autoritarios o totalitarios, se preguntasen si quieren seguir siendo un pueblo súbdito, o un pueblo soberano?


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Cataluña independiente: España fragmentada

Es difícil imaginarse una España sin Cataluña. Sus destinos están ligados por la historia y por la coincidencia geográfica de pertenecer a la península Ibérica, aunque Portugal también está ahí y es independiente por voluntad soberana.  Porque el estado español, en teoría, es sólo un convenio político que arropa a sus habitantes a partir de las decisiones que han tomado esos propios habitantes. La famosa soberanía del pueblo que no es otra más que la voluntad de la gente por pertenecer a una u otra formación política. Los estados nacionales además no son eternos. Baste recordar lo que sucedió en México, que en el siglo XIX tuvo que ceder parte de su territorio a los Estados Unidos, en el caso de Texas por una declaración unilateral de independencia, y de California, Arizona y Nuevo México, como resultado de una guerra de intervención que nos despojó de este territorio. El siglo XX está colmado de estados nacionales que aparecieron y desaparecieron, ya por la voluntad de la gente, ya por efectos de la guerra o la intervención extranjera. La creación del estado de Israel, la disolución de la Unión Soviética, son sólo ejemplos de esta permanente mudanza política de las nacionalidades. Por esto tampoco resulta irrelevante que Cataluña quiera conocer la voluntad de sus habitantes sobre la pertenencia o no a la monarquía española. Los escoceses hace poco hicieron una consulta similar y por un margen estrecho ganó el si permanecer en el Reino Unido.

Sin embargo, el gobierno español calificó de ilegal el referéndum por la independencia de Cataluña, y recurrió a la violencia, sin tomar en cuenta que la monarquía española y su “democracia” también tiene por origen una ilegalidad que derivó en una guerra civil, aún más brutal y sangrienta que la represión del domingo 1 de octubre en que la guardia civil “heredera del franquismo” intentó boicotear las votaciones. Recordemos que la monarquía española fue consecuencia del golpe de estado que el general Francisco Franco ejecutó contra la segunda república, y aunque la constitución española de 1978 ratificó la decisión del dictador de retornar a la monarquía, los catalanes que buscan la independencia, afirman que el actual régimen político español no es sino la continuación de la dictadura franquista, disfrazada de democracia, y exigen la instauración de la república en su suelo. Catalunya, aporta más del 20 por ciento del producto interno bruto a la monarquía española, pero desde su perspectiva no recibe aportaciones del estado español en una proporción correspondiente y sus decisiones autónomas, son sancionadas como ilegales por el gobierno de Mariano Rajoy, cuando justamente lo que se cuestiona es la legalidad de este gobierno, o más aún, su legitimidad. En todo caso, el referéndum convocado para conocer la voluntad popular, el si o el no, de su permanencia en España versus la declaración de un estado catalán independiente, de no haber sido reprimido, representaba sólo un volado, una moneda lanzada al aire con el 50% de probabilidades de caer de uno u otro lado. El rey Felipe y Mariano Rajoy se equivocan al declarar este hecho como una deslealtad, ilegalidad o pantomima. ¿No fue acaso la deslealtad a la república del general Franco la que originó el retorno a la monarquía, de la que hoy el rey es beneficiario? ¿No hubiera sido políticamente más redituable y más democrático permitir que se llevara de forma pacífica esta consulta supuestamente ilegal y esperar los resultados? Muchos catalanes no quieren la independencia, pero algunos de los indecisos, al parecer habían tomado la decisión de apoyarla o apoyar el referéndum, porque lo que no les cuadra en la cabeza es la necedad de impedir que otros opinen y dispongan sobre sus preferencias. La Generalitat ha expresado su intención de declarar la independencia de forma unilateral y son impredecibles las consecuencias que esto tendrá para todo Europa, porque además, los catalanes quieren dejar de ser españoles, pero también quieren ser arropados por la Unión Europea, cuyas declaraciones son ambiguas, porque apoyan al gobierno español, pero reprueban la violencia por éste desatada. ¿Cuál será el resultado de esta revuelta popular? Como miembro de una generación que se formó intelectual y sentimentalmente cerca de los hijos del exilio español, por cierto, algunos de origen catalán, tengo una opinión dividida: la independencia me parece un legítimo retorno a la república, pero la fragmentación de España parece igualmente dolorosa. Lo cierto es que el orden mundial de este mundo global en crisis, los “des-órdenes” nacionales, están siendo cuestionados por todas partes y el futuro de las nacionalidades y estados, incluyendo al nuestro, es incierto.

 


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¿Qué nos movió el temblor?

Cuando tiembla dejamos de pisar tierra firme. Aunque andemos volados de angustia, no es la sensación de flotar y andar por las nubes de los que pierden el piso. Al contrario, toda noción de vanidad, arrogancia o sentido de superioridad se disipa. El temor a morir nos iguala, vulnerables ante las fuerzas naturales, nos reconocemos en el otro, empatizamos con el otro cuyo miedo en la mirada es tan similar a nuestro propio miedo, cuyo temblor nos conmueve. Cuya respiración sofocada por la carrera, la desesperación y la ansiedad, se hermana con nuestro propio aliento. Algunos, sin metáforas, pierden el piso, y al perderlo, con frecuencia pierden la vida, o quedan atrapados entre los escombros, esperando ser rescatados, gracias al olfato de un perro, o a la habilidad de un topo humano que los encuentra en las entrañas de cemento y fierro cuando todo mundo alza los puños y guarda silencio para percibir su aliento. Silencio para escuchar el rumor humano, el grito de auxilio, el quejido hundido en el fondo de las ruinas, apenas unos minutos después del terrible estruendo que con el terremoto y las construcciones colapsadas nos cimbra los tímpanos y el corazón.

Un temblor exige silencio, porque no sólo se mueve la tierra: también se sacude el interior, se agita el alma. Un terremoto del espíritu nos recuerda que estamos vivos de milagro. ¿Qué se mueve en el interior de esas personas que quedan atrapadas, heridas, agonizantes, esperando con ansiedad el arribo de un héroe anónimo que les devolverá la vida?  ¿Qué se mueve en el corazón del moribundo que por estar tan sumergido en las ruinas, no podrá ser rescatado?

Al sacudirse el interior, brota lo mejor de la gente… pero tristemente sale también lo peor de algunas personas. Solidaridad y rapiña se encuentran en la bocacalle de la tragedia. La primera es multitudinaria y nos hace recuperar la fe en la condición humana. Cuando el despego al confort del hogar intacto o derruido, se cambia por la ayuda a los demás, por el sacrificio por los otros. Entrega de cientos de jóvenes sudorosos y entusiastas, que en inmensas cadenas humanas ayudan a desplazar los escombros de la desdicha. Admira observar a las mujeres organizar a la gente. Esas mismas mujeres que sólo hace unos días exigían “#ni una muerta más” y que ahora piden silencio para oír el lamento de los atrapados. Solicitar picos y palas, demandar agua y alimento para los rescatistas, ofrecer consuelo a los desamparados. Pedir manos para acarrear piedras, brazos para abrazar desdichas. A la tristeza del desamparo causado por la naturaleza, se suma la rabia por la rapiña que brota de los miserables que aprovechan el caos para ensanchar su patrimonio, acto de por si despreciable, pero no tanto como la más despreciable de todas las rapiñas, la de los servidores públicos que lucran con la desgracia ajena; la rapiña política, que oportunista se toma la foto para engatusar electores o apaciguar genuinos descontentos sociales. A lo que se suma la rapiña mediática del rating: donde la tragedia humana se convierte en espectáculo, entretenimiento de masas con meros fines comerciales. Es cierto que informar sobre los hechos es obligación de los medios, tanto de los masivos como de las redes o medios sociales, que deben servir de puente de comunicación ante la emergencia. Lo que es cuestionable desde la ética es cuando esta necesidad se transforma en oportunismo para ganar audiencia, aún si para lograrlo se inventan o magnifican situaciones dramáticas, como el rescate ficticio de “Frida Sofía”.

Cuando deja de temblar, las percepciones, los sentimientos, las esperanzas, se siguen moviendo. Así como hay réplicas físicas siguen liberando energía en las entrañas de la tierra, las capas psicológicas, el inconsciente, el subconsciente, continúan agitándose. A los que hemos experimentado terremotos anteriores, estos movimientos bruscos harán emerger recuerdos, fantasmas, temores atrapados, pero también la constancia de nuestra propia supervivencia. A los niños y más jóvenes, los temblores interiores sepultarán en su subconsciente sensaciones y pensamientos que les formarán el carácter, que los marcarán para siempre.


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Violencia contra la mujer

¿Una sociedad civilizada puede permitirse la violencia cotidiana contra las mujeres en la calle, en la escuela, o en los centros de trabajo? ¿Una sociedad que se afana por hacer la vida imposible de los más vulnerables, puede considerarse una sociedad civilizada? Y cuando me refiero a una vida imposible, empleo un eufemismo para referirme a una muerte violenta y a un feminicidio normalizado. Por eso habría que re frasear la pregunta: ¿una sociedad que se afana por matar a los más vulnerables, es acaso una sociedad civilizada? Me preguntarán entonces ¿qué se entiende por civilización? Definición elusiva, pues más bien parecemos vivir en la selva de concreto, donde priva la ley del más fuerte, y la selva misma parece un lugar por demás alegre. Lo terrible es que un espacio como Ciudad Universitaria, supuestamente consagrado al conocimiento y la libertad de pensamiento, se convierta en una selva urbana donde las mujeres –en nuestra sociedad “civilizada” las más vulnerables– sean víctimas de feminicidio. Peor aún, que las autoridades capitalinas criminalicen a la víctima, porque le gustaba tomar alcohol –afición por cierto propia de jóvenes y estudiantes- que no por el hecho de consumirlo se convierten en criminales. A Lesvy Berlín de 22 años brutalmente asesinada en la madrugada del pasado 3 de mayo, la encontraron colgada en una cabina telefónica de la UNAM (de por si un anacronismo, viviendo en la era de los celulares móviles). Las autoridades de la procuraduría capitalina –tan diligentes ellas– difundieron tweets, donde afirmaban que Lesvy no era estudiante de la universidad, y que el día de los hechos había estado “alcoholizándose y drogándose”, con varios amigos en CU, datos muy precisos, muy culpabilizantes, pero sin ninguna pista sobre los responsables. Aun si fuese el caso: ¿es razón suficiente para cometer un asesinato? ¿Es razón suficiente para desprestigiar a la víctima y no enfocarse en los victimarios? ¿No será más bien que los encargados de investigar y castigar este tipo de crímenes, simplemente se lavan las manos, porque en su mentalidad machista y burocrática consideran que las víctimas se merecen el castigo, y no está de su parte hacer justicia? Por qué la mujer violada o asesinada tiene la culpa: por andar sola de noche, vestir minifalda, ser bonita, ser mujer, ser una tentación. Es una vergüenza que nuestro sistema de justicia se preocupe más por desprestigiar a las víctimas que por castigar a los asesinos, a los que indirectamente exonera. Después de la acusación desafortunada de las autoridades se difundió el tweet: #SiMeMatan, donde la indignación, pero sobre todo el miedo de miles de mujeres, se puso de manifiesto. “#SiMeMatan es porque nunca entendí que mi lugar es en la casa y calladita. #SiMeMatan porque cuando no estuve de acuerdo con algo lo hice saber. #SiMeMatan sepan que no tengo padre, no tengo esposo y no tengo hijos; es decir, no soy hija, no soy esposa, no soy madre. Sólo soy mujer. #SiMeMatan fue por feminista, por usar leggings, porque me gusta caminar sola en la tarde y porque tengo amigos hombres. #SiMeMatan andaba en malos pasos. #SiMeMatan por favor no me juzguen por tener tres gatos y vivir sola. #SiMeMatan por estar lejos de casa. Por querer vivir como adulta.  #SiMeMatan dirán que andaba en marchas gritando “Vivas nos queremos”. #SiMeMatan sabrán que detrás de cada tuit hay una mujer aterrada porque sabe que sí la pueden matar. #SiMeMatan ojalá la policía (y los medios) se enfoquen en mi asesino y no en mi ropa, mis estudios, mi trabajo o con quién me acuesto. #SiMeMata no es sólo un #. La mayoría de nosotras en serio tenemos contemplado que eso nos puede pasar, es estadística, es cotidianidad.” En nuestra elusiva definición de “civilización”, cabría al menos una consigna: ni una más.


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Nuria Montiel / Codificación Textil

Se piensa que los sistemas de codificación digital son inventos del siglo XX, pero no es así. El telar mecánico y automático de Joseph Marie Jacquard que data del año de 1801, utilizaba tarjetas perforadas de codificación binaria para lograr complejos diseños textiles. Y puede considerarse como uno de los antecedentes de la computación moderna. Así que emparejar los sistemas digitales, con la creación textil, es una forma natural de incorporar el pasado y su ruptura, en la tradición plástica contemporánea.

Y eso es justamente lo que hace Nuria Montiel en su más reciente trabajo creativo: “Espejo negro, elefante blanco” instalación colectiva en la galería Cuarto de Máquinas. Con un ingrediente de codificación interesante: la re-significación de la tipografía Bauhaus, que se diseñó además como una reinterpretación de la iconografía Incaica. Y esto supone también la convergencia de la cultura popular con formas de expresión artística conceptual: indagar en el pasado y re-significarlo en el presente, para permitir que el espectador se enfrente a una forma de mirar novedosa. O aún más: destrabar las barreras ideológicas que despojan al trabajo artesanal de su ingrediente artístico y creativo, para ubicarlo simplemente como expresión de la creatividad humana. El contraste entre lo duradero de la tela y el arte efímero de la tierra que se desbarata entre los dedos.

Así, la tipografía es despojada de su contenido textual, para entramarse en el textil o desplegarse sobre el piso en figuras sugerentes, elaboradas a mano con tierra amalgamada con nopal. Como una reminiscencia a diseños textiles de los pueblos originarios de Oaxaca o Perú, pero también como un homenaje a una creatividad simultáneamente contemporánea y ancestral. Visión con la que Nuria Montiel edifica su trabajo de artesano-artista, y reivindica esta condición dual de aquellos que la practican en su labor cotidiana. Porque Nuria Montiel parece apropiarse del pensamiento de Walter Gropius, fundador de la escuela Bauhaus, quien declaraba que “arquitectos, escultores, pintores, … debemos regresar al trabajo manual … establezcamos, por lo tanto, una nueva cofradía de artesanos, libres de esa arrogancia que divide a las clases sociales y que busca erigir una barrera infranqueable entre los artesanos y los artistas”.


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La mujer y los riesgos psicosociales en el trabajo

He leído varias opiniones en el sentido de que el feminismo es la única utopía realizable del siglo XX con repercusiones en el XXI. La situación de las mujeres en el mundo occidental, sin duda ha variado de eje en los últimos cien años. Con excepción de los países árabes, con fuerte raigambre musulmana, o de dominación masculina, las mujeres ocupan un lugar distinto en las sociedades, diferente, aunque no por eso necesariamente mucho mejor, del que ocupaban hace un siglo. En la mayoría de los países “democráticos”, la mujer no solo tiene derecho al voto, sino que tiene la oportunidad de gobernar. En Latinoamérica, hemos tenido ejemplos conspicuos de mujeres en el poder, en Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, aunque en México todavía vamos a la zaga. Este aparente triunfo y empoderamiento de la mujer, no ha significado sin embargo que las mujeres hayan alcanzado todos los objetivos de igualdad en términos jurídicos, laborales, sociales y culturales, (que no biológicos) que plantea el feminismo. Una de las mayores trabas para la realización de esta “utopía”, proviene del sexo masculino: tanto por inercia, por el machismo prevaleciente, por la “falocracia”, así como por una innegable resistencia a perder los espacios de dominación que tan cómodamente hemos ocupado, ya por la fuerza, ya por la violencia o la costumbre. En México, la constitución política establece que mujeres y hombres somos iguales ante la ley y desde hace años se ha legislado para lograr una paridad de género en los cargos públicos: pero actualmente, de 20 posiciones disponibles, sólo tres mujeres ocupan una secretaría de Estado, y una de ellas, hay que decirlo, llegó ahí más por la fatalidad que por una visión igualitaria. Las presidencias municipales, sólo el 5 por ciento son ocupadas por mujeres. Año con año se les promete a las mujeres, que ahora sí, el número de candidat@s a puestos de representación popular, será equitativo… y año con, esta promesa –que además está en la legislación– se incumple, como muchas otras de las disposiciones y normas que nuestros gobernantes protestan cumplir cada vez que asumen un cargo público y que cotidianamente mandan a volar.

En México la mayor vulnerabilidad la padecen las mujeres que provienen de los pueblos originarios, las más pobres y con menor representación social. Y si subimos en la pirámide social, las cosas no son mejores, sobre todo en el ámbito laboral. Por eso, este año, el tema propuesto por la ONU para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, ha sido el de la igualdad laboral de las mujeres. Y aquí la situación es patética, no sólo para las mujeres, aunque principalmente. Con un mercado laboral saturado por la informalidad y bajos salarios, las mujeres y los viejos se llevan la peor parte. Las condiciones laborales en muchas empresas, no son adecuadas para la mujer. No se respetan los tiempos de maternidad y lactancia. En algunas se practican exámenes ilegales para garantizar que las mujeres a contratar no estén embarazadas. Con frecuencia sufren acoso sexual y violencia de género. Las cargas de trabajo no toman en cuenta su situación de vulnerabilidad, cuando son madres solteras o practican una triple jornada, al ocuparse de labores domésticas, el cuidado de los hijos y 40 horas semanales de trabajo señaladas por la ley. En muchas empresas, existe una interferencia entre las labores propias para las que fueron contratadas y sus relaciones familiares. En otras, el liderazgo negativo, generalmente de un jefe o patrón masculino y abusivo, les provoca estrés y otros riesgos psicosociales que erosionan su calidad de vida. Sin señalar por supuesto el hecho de que es común que reciban un salario menor al del hombre, aun cuando realicen labores equivalentes, lo que se traduce en un consecuente estrés económico. Aunque la Ley Federal del Trabajo, y en específico el Reglamento Federal de Seguridad y Salud en el Trabajo , publicado en el Diario Oficial de la Federación desde el 13 de noviembre de 2014, señala en sus artículos 43 y 55 que en los centros de trabajo se deberán atender los factores de riesgo psicosocial, no es sino hasta octubre del 2016 en que se publica un proyecto de Norma Oficial Mexicana, que establece los parámetros para prevenir estos riesgos. La NOM-035-STPS-2016, que se espera será publicada en mayo del presente año, establece que en todos los centros de trabajo se deberá aplicar una política de prevención de riesgos psicosociales, la promoción de un entorno organizacional favorable, así como la prevención de la violencia laboral y de género, haciendo énfasis en esta última. Los factores de riesgo psicosocial, afectan a todo mudo, aunque la mayoría atañen especialmente a las mujeres. Entre estos factores de riesgo se pueden destacar: las condiciones de trabajo peligrosas e inseguras, deficientes e insalubres. Las cargas de trabajo. La falta de control sobre el trabajo. Las jornadas de trabajo y rotación de turnos que exceden lo establecido en la ley. La interferencia en la relación trabajo-familia. El liderazgo negativo en el trabajo.  La violencia laboral y de género. Lo interesante de esta nueva reglamentación es que justamente adopta una perspectiva de género y pone énfasis en situaciones que antes se consideraban “normales”, o que el machismo y la falta de atención a las condiciones laborales, han normalizado. Aunque lo que debería normalizarse es la aplicación de la ley que nos permita con optimismo afirmar que el feminismo si fue la utopía realizada en la sociedad contemporánea.


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Guillermo Samperio: funcionario cultural (maldito)

guillermo_lEn la presentación de su primera novela, “Anteojos para la abstracción”, en diciembre de 1994, Guillermo escribió en su libro la siguiente dedicatoria; “para Jorge Pérez Grovas, escritor de primera línea y amigo de momentos difíciles y gratos”. De aquellos momentos difíciles a los que se refiere hay uno en particular que modificó sustancialmente nuestras carreras en el ámbito cultural. Refiero este episodio de nuestra vida porque ahora casi todos los protagonistas están muertos. Guillermo era Director de Literatura del INBA, encabezado entonces por Rafael Tovar y de Teresa, yo era subdirector. Víctor Sandoval, el anterior director general del INBA, nos había encargado a Guillermo y a mí la publicación de unos anuarios de poesía, cuyo espíritu principal era recopilar a nivel nacional los poemas más destacados publicados en revistas literarias y suplementos culturales de todo el país, o sea de chile mole y de manteca, presentándolos en coedición, con la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM. Uno de estos anuarios se publicó en el año de 1991, con una recopilación de poemas publicados durante 1990, año en que Octavio Paz fue galardonado con el Premio Nobel. Los años 1991-1992 fueron muy agitados en el ambiente cultural mexicano. Víctor Flores Olea presidía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que junto con la revista Nexos y la UNAM, organizaron el “Coloquio de Invierno”. En diciembre de 1991, Guillermo y un servidor fuimos invitados a un brindis en la casa del agregado cultural de la embajada de los Estados Unidos. Guillermo no pudo asistir. Yo me presenté muy ufano, con dos ejemplares del “Anuario de Poesía 1990” que regalé al anfitrión. Él, los repartió entre los asistentes y los libros rápido circularon hasta llegar a las manos de Octavio Paz, que era uno de los invitados, aunque yo no lo sabía. El caso es que Paz recibió el anuario y no le gustó el contenido, pues el poema suyo no había tenido su autorización para ser incluido, aunque esto, nosotros tampoco lo sabíamos, porque en su oportunidad Guillermo le envió una carta al poeta solicitando su aprobación: esta carta, por razones que comentaré después, nunca fue entregada. El poema “Salamandra”, editado originalmente en 1962, había sido incluido en número 475 de la Revista de la Universidad de México, de agosto de 1990. Octavio Paz, molesto y con razón, aquella misma tarde le habló a Guillermo para reclamarle el suceso. Le dijo entre otras cosas qué si lo que querían las autoridades culturales era que abandonara el país, estaban por conseguirlo. Había un trasfondo político en aquel reclamo que no supimos anticipar. Al día siguiente Willy me mandó llamar igual de enojado y francamente preocupado para comentarme el suceso. No entendíamos del todo la situación, porque de acuerdo a nuestros procedimientos, si habíamos pedido la autorización, con un método parecido al que Octavio Paz había empleado en la publicación de “Laurel: antología de la poesía moderna en lengua española”, solicitando la aprobación con la mención de que, si no se recibía, se entendía que ésta era tácita. Había una molestia legítima con un fondo oscuro que en ese momento ni Guillermo y yo logramos aquilatar. Años después, un joven, de cuyo nombre no quiero acordarme, a quien Samperio había invitado a colaborar en su equipo, confesó haber sido el culpable de que Octavio Paz nunca hubiese recibido la carta donde se solicitaba la publicación de su poema. Lo hizo, por venganza, pues al haber un puesto superior vacante para el que era candidato y que no se le concedió, decidió vengarse de Guillermo y de un servidor destruyendo aquellas cartas, que, en algún sentido, destruyeron también la carrera de Willy como funcionario cultural, porque con aquel agravio involuntario, nos habíamos metido entre las patas de los caballos y conjurado una maldición. Pasaron los meses, y en febrero de 1991, se celebró el “Coloquio de Invierno”, organizado por el Conaculta, la UNAM y la revista Nexos. Carlos Fuentes dio la ponencia inaugural. Ese mismo mes, Paz renunció al FONCA; lo acusó de burocratismo y parcialidad en la organización del coloquio, agregando que, a diferencia del “Encuentro Vuelta, La experiencia de la Libertad”, celebrado dos años antes, y donde Mario Vargas Llosa definió a México como la “dictadura perfecta”, éste se había montado con dinero de los contribuyentes y sin incluir un tema que, desde su óptica, resultaba fundamental en el debate contemporáneo de las ideas: “El fin del socialismo autoritario y la bancarrota política, económica y moral del marxismo-leninismo”. Al poco tiempo, Víctor Flores Olea –con quien Guillermo mantenía una buena relación- se vio obligado a renunciar al Conaculta y Rafael Tovar y de Teresa fue nombrado como su nuevo presidente. Duraría ocho años consecutivos en aquel su primer encargo. Al poco tiempo, se solicitó la renuncia de Guillermo y de un servidor a la dirección de literatura del INBA. Aquella maldición traería como consecuencia que Willy nunca más tendría un cargo como funcionario cultural.


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Elegía de Guillermo Samperio: promotor de la lectura (segunda parte)

gsamperio_segunda_parteEste año ha sido complicado: la enfermedad de Laura, la muerte de mi padre y ahora la partida de Samperio. Me conmovió con un escalofrío verlo en su féretro, con la barba blanca, el rostro envejecido y endurecido por la muerte, aunque con una ligera sonrisa sardónica en la comisura de sus labios ya marchitos, aquella sonrisa burlona que lo caracterizaba y lo hacía poseedor de un humor punzante y sorprendente. Me acordé de su minificción “bodas de fuego”, donde “un cerillo, ataviado de novio, sale hacia la iglesia. Al llegar, se entera, por boca de los cerillos parientes que la novia escapó en compañía de un cerillo vestido de amante. El novio frota la cabeza contra la desgracia y aparece un pequeño bonzo ardiendo bajo el cigarro”. Así parece haberse inflamado Guillermo en su hora final. Llevaba aquel curioso sombrero que le gustaba tanto y que había adornado con la fotografía de una bella mujer: una de sus obsesiones literarias, pero también físicas. Sabía ser encantador con las mujeres y trataba de entenderlas. Más allá, le gustaba penetrarlas –no sólo en el cuerpo- sino particularmente en sus motivaciones internas; en aquello que las hacía seductoras, misteriosas, encantadoras. Muchas de sus ficciones, tejidas con una sutil prosa poética tienen como protagonista mujeres, como aquella “complicada mujer de tarde… entre los secretos de usted se encuentra su inclinación por mirar a las mujeres, por escucharlas, por percibirlas en sus diversas manifestaciones , sin que forzosamente tenga que sobrevivir la hechura del amor. De ellas, usted puede retener una manera de bailar solamente, una mirada intensa que usted captó en el interior del descuido, o la forma de tomar un vaso en esos instantes de profunda intimidad de las mujeres”.

Fue promotor de una red de talleres literarios por todo el país. Entre los muchísimos que coordinó por ser una de sus pasiones, dirigía uno que él mismo denominó: “Solo para mujeres”. Yo tenía años de querer participar en alguno de sus talleres, pero durante meses, aquel era el único disponible. Finalmente, con la generosidad que lo definía, y ante mi necedad e insistencia, aceptó mi ingreso en el taller y así me convertí en “el único”. En aquellas sesiones, empleaba un método muy peculiar de lectura y relectura: era implacable con los lugares comunes y l@s talleristas sentían lo duro de su crítica en la mirada… pero cuando había un hallazgo literario, lo aplaudía con vehemencia. Durante más de una década tuvimos una amistad estrecha. Guillermo nunca dejaba de sorprenderme –él, que terminó su vida siendo tan fachoso y desenfadado en su arreglo personal, con su cuerpo tatuado por todas partes– fue quien me convenció de usar corbata: me invitó a comer y con el hablar pausado que lo caracterizaba me dijo algo así: si quieres ser funcionario cultural tienes que parecer respetable. Así que “aventé la toalla” y me anudé el moño al cuello. Durante muchos años formamos parte de un equipo: como editores, promotores de la lectura, coordinadores de talleres literarios, organizadores de encuentros internacionales de escritores, actividades en las que Guillermo era un líder: sello distintivo de la tercera etapa de su vida literaria y profesional. Me lo presentó nuestro amigo común, el entrañable colombiano Carlos Barriga, quien me confesó que se sentía desconsolado con su muerte: “estoy vuelto mierda. Me dio muy duro esto del Guillermo. Qué desolación. Yo sigo aquí en Bogotá haciendo el duelo. Guillermo fue un hombre que quise profundamente. Como te comenté, fue un personaje extraordinario a quien debo mucho. Demasiada sensibilidad para una realidad tan dura, deduzco de tu artículo. Hablé con Eduardo García Aguilar, nuestro amigo en común, y otros tanto pasa en Paris, recordando a Guillermo”. También hacen duelo en Barcelona, en la Habana, en Venezuela, en Argentina y en otras muchas latitudes donde cultivó tantos amigos escritores, porque esa fue otra característica de Samperio: su solidaridad gremial, sobre todo en su etapa de funcionario, donde entendía a cabalidad que los escritores debían encontrar lectores y la promoción a la lectura era tanto una democratización lúdica del conocimiento, como una actividad de supervivencia personal. (Continuará).


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Elegía de Guillermo Samperio: escritor fantástico social (primera parte)

guillermo_lGuillermo Samperio, Willy, Memo, para sus amigos, era eso, un gran amigo, insuperable maestro, mentor entrañable, escritor extraordinario, promotor de la lectura, observador agudo de la realidad imaginaria, y de la imaginación social. Creador de utopías y distipías literarias, Guillermo, uno de los cuentistas más brillantes del siglo XX mexicano, a la altura de Juan José Arreola o Julio Torri. Distanciado de Octavio Paz por un mal entendido, que poseía algunos elementos de complot y del que también fui protagonista. Por este distanciamiento involuntario al que me referiré en la tercera parte, culminó su carrera de funcionario cultural. Además, su aura de escritor sobresaliente hasta cierto punto resultó opacada, ninguneada, maltratada, no tanto por sus lectores, discípulos y amigos, que fuimos muchos, sino por la áspera realidad cultural y política de nuestro país. “Yo, Guillermo Samperio, no fui testigo de mi propio nacimiento, no tengo certeza de ser mexicano y por ello me declaro casiopeico”. Su mirada literaria abarcaba todos los ámbitos: “mis libros quieren acercarse al lector, el hecho de que un simple objeto aparentemente sin importancia como un zapato, un tornillo, un animal, tan insignificante como una lombriz, puede provocarle formas de mirar su propio mundo.” Porque el universo en su totalidad, o más específicamente, el universo en su fragmentación y su misterio, son los protagonistas de su amplia obra literaria. “Porque he podido encontrar otros caminos de la expresión literaria que no rematen necesariamente en un género específico, sino en combinación de varios: el ensayo, el poema en prosa, el poema, y que, digámoslo así, han enriquecido mi experiencia literaria”. Una experiencia donde el humor, el retrato a veces de caricatura pero certero de la realidad social, de la condición humana y de la reflexión interior siempre están presentes. Le gustaba poner epígrafes en sus textos y dedicárselos a sus amigos. A Rubén Bonifaz Nuño, poeta extraordinario de una cultura inabarcable y fino humor, le dedicó algunos: “las coladeras son bocas con sonrisas chimuelas. Las coladeras han perdido los dientes de tanto que las pisamos. Sin coladeras, la vida sería demasiado hermética. Las coladeras están a nuestros pies”. Como la ciudad que recorría Guillermo, desde la colonia Clavería de su infancia hasta el Centro Histórico de sus años de funcionario cultural, protagonistas recurrentes de sus relatos, de sus laberintos narrativos, de sus obsesiones lingüísticas. La ciudad y sus personajes, que viven en la penumbra, andan como equilibristas sobre tacones altos, o deambulan en el “miedo ambiente”. El mismo era un personaje picaresco y muy humano, en quien claramente se pueden distinguir diversas etapas, simultáneamente personales y literarias. El Samperio niño, hijo primogénito de William Samperio, requinto y segunda voz del Trío Tamaulipeco, a quien admiraba y de donde seguramente heredó su gusto por la bohemia. El Samperio social, activista del 68, que fue encarcelado por diez días en “La Vaquita”, donde compartió celda con un abonero y un albañil. “Este hecho, más toda mi participación y, especialmente la experiencia que tuve el dos de octubre, me llevaron a la palabra”. Palabra que comenzó a pulir en los talleres literarios del IPN y después como becario del INBA, teniendo por tutor a Tito Monterroso, el que despertaba dinosaurios. Ávido lector, su estilo se nutre rápidamente de la literatura norteamericana, europea, latinoamericana y mexicana, sobre todo de estas últimas. Y empieza esa etapa de producción incansable: con un recurso curioso, cada nuevo libro, retoma textos del anterior algunas veces mejorados, en una especie de construcción en espiral en abismo donde se decanta su visión del mundo. Comienza entonces su etapa de funcionario público, primero como editor en la Secretaría de Educación Pública, en la que fue ascendiendo hasta ocupar posiciones directivas, llegando a ser Director de Literatura del INBA. Para entonces ya es un escritor consolidado, con un estilo propio donde considera que “la literatura madura, completa, es la que tiende hacia las dos zonas de la existencia, la realista y la imaginaria. Yo siempre he buscado que estén ambas caras de la vida, de las cosas, del hecho literario.” Esta visión del mundo, también es reflejo de una vocación de utopía, de la conceptualización de una sociedad diferente y fantástica, donde las necesidades colectivas se armonicen con las inquietudes individuales, rechazando simultáneamente el colectivismo depredador y el individualismo a ultranza. (Continua).


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